Jack tiene 56 años y tiene parálisis cerebral. Ha vivido solo algunos años y tiene ahora cada vez más dificultades para cuidar de sí mismo y de su hogar; las tareas como cocinar, bañarse y vestirse por la mañana le demandan más energía que antes.

Jack está deprimido por la situación; es muy independiente y siempre se ha enorgullecido de su capacidad para ocuparse de sus propios asuntos. Lo que menos quiere es mudarse a una residencia con asistencia para las actividades diarias. Un día, le explica esta situación a su amigo Henry mientras almuerzan. Henry le sugiere que averigüe sobre el Programa de Servicios de Asistencia en el Hogar (IHSS) como una alternativa para mudarse a una residencia con asistencia para las actividades diarias.

“¿Cuál es ese programa?”, pregunta Jack.

“Bueno, no conozco mucho sobre él”, responde Henry. “Pero he oído que es un programa financiado por el gobierno que ayuda a las personas discapacitadas a continuar viviendo en sus hogares de forma segura. Creo que ofrecen ayuda con los tipos de cosas que me estás contando, cocinar, limpiar, levantarse y acostarse”.

“¿Cuánto cuesta?”, pregunta Jack.

“Creo que depende de tu nivel de ingresos; si éstos son suficientemente bajos, creo que es sin costo”. Es un programa financiado por el gobierno”, repite Henry.

“¡Oh! Me parece que podría ser muy útil”, afirma Jack.

“¿Por qué no llamas a la agencia de servicios sociales del condado?”, le sugiere Henry. “Te apuesto a que tienen información”.

Entonces Henry y Jack se conectan con Internet para averiguar el número de teléfono de la oficina local más cercana a su casa. Jack llama y le pasan la llamada a una coordinadora de admisiones del programa IHSS, llamada Darlene. Jack le explica brevemente su situación.

“Creo que el Programa de Servicios de Asistencia en el Hogar podría ser exactamente lo que usted necesita”, le dice Darlene. “Permítame hacerle algunas preguntas primero para asegurarme de que es elegible. Usted dijo que tiene parálisis cerebral, ¿no es así?"

“Sí.”

“Bien”, continúa Darlene. “El programa IHSS está a disposición de las personas discapacitadas; por ello, usted reúne los requisitos. ¿Es residente de California?”

“Sí. He vivido aquí toda mi vida”.

“Bien. ¿Es beneficiario de Medi-Cal?”, pregunta Darlene.

“Sí, señora”, responde Jack.

“Bien”, continúa Darlene. “Es decir, usted es elegible para los servicios IHSS. ¿Está afiliado a cualquier otro programa de beneficios públicos?”

“No, sólo Medi-Cal”, responde Jack.

“Bien”, continúa Darlene. “¿Trabaja?”

“¡Por supuesto!”, afirma Jack. “Trabajo medio día como contador para un fabricante local; gano $1,800 por mes”.

“Bien”, continúa Darlene. “¿Tiene otras fuentes de ingresos ganados o no ganados?”

“No, eso es todo”.

“Bien”, continúa Darlene. “Usted es elegible sin duda alguna para el programa. Ahora, debemos determinar si tendrá que pagar algo”.

“¿Qué?”, pregunta Jack.

“Bueno, si sus ingresos contables son mayores que $931.72 por mes, usted tendría que pagar algo para los servicios de Medi-Cal e IHSS”, le explica Darlene.

“Entiendo”, dice Jack.

“Permítame hacer unos cálculos. Es posible que no tenga que pagar nada, ¿de acuerdo? Entonces, usted gana $1,800 por mes de su trabajo. Tenemos que restar $65 de esa cantidad (es la exclusión de sus ingresos del trabajo) y otros $20 (es la exclusión de sus ingresos generales);es decir, nos quedan $1,715. ¿Incurre en algún gasto laboral debido a su discapacidad (IRWE)?”

“Bueno, no podría trabajar si no tomara mi medicina, y tengo que pagar $40 por mes como copago por ésta. ¿Eso también se toma en cuenta?”, pregunta Jack.

“Por supuesto”, afirma Darlene. “Entonces, veamos… Si restamos $40 de $1,715, el resultado es $1,675, dividido por 2 da $837.50; es decir, sus ingresos contables son de $837.50. O sea, es elegible para el Programa de Servicios de Asistencia en el Hogar sin costo compartido”, le aclara Darlene.

“Esa es una buena noticia”, dice Jack.

“Por supuesto”, afirma Darlene. “¿Por qué no vuelve mañana a llenar una solicitud para empezar el trámite?”

Entonces, Jack regresa a la agencia de servicios sociales del condado al día siguiente y llena una solicitud para el programa IHSS. Varios días más tarde, una trabajadora social del condado, Louise, va a visitarlo a su casa para hacer una evaluación de necesidades, es decir, una entrevista en el hogar para determinar qué servicios necesita Jack y cuántas horas de ayuda pagará el programa IHSS. Ella le hace una serie de preguntas sobre sus destrezas físicas y mentales para determinar qué tareas puede hacer de modo seguro por su propia cuenta y cuáles demandan ayuda.

Es evidente que la mente de Jack es sagaz, pero necesita ayuda para cocinar, limpiar, vestirse, acostarse y levantarse por la mañana.

“¿Qué pasa con el trabajo?", le pregunta Louise a Jack, “¿Necesita ayuda allí?”

“No por ahora, ¿por qué, puedo usar los servicios IHSS en el trabajo también?”

“Sí, por supuesto. Tendríamos que transferir algunas de las horas asignadas para la asistencia en el hogar al lugar de trabajo, pero es posible hacerlo; se pueden usar las horas de IHSS para ayudar a conseguir, conservar o reincorporarse a un trabajo.”

“Es bueno saberlo”, dice Jack. “Es probable que no lo necesite por ahora, pero lo tendré en cuenta para el futuro”.

Poco después de esta evaluación de necesidades, Jack recibe otras buenas noticias. Le han autorizado 60 horas de servicios IHSS cada mes;y como sus ingresos contables son menores que el límite de $931.72, no tendrá que pagar nada por los cuidados prestados. Tanto él como su proveedor de cuidados tendrán que llenar una planilla, y Jack será responsable de contratar, despedir (si fuera necesario) y supervisar a esa persona; pero no tiene que pagar nada.

Jack está sumamente contento. Contrata a Wendy, una vecina jubilada y amiga de mucho tiempo para que lo cuide. Wendy viene todos los días a ayudar a Jack a acostarse y a levantarse de la cama. Cocina, limpia y le lava la ropa; también le presta cuidados personales como vestirse, arreglarse y bañarse. Cuando es necesario, lleva a Jack en su auto a las citas médicas.

Resulta ser un excelente arreglo; Wendy disfruta el trabajo de medio tiempo y Jack le agradece muchísimo la ayuda. Ya no está deprimido, se siente con más energía que antes y está muy contento de poder quedarse en su propia casa. Es una solución en la cual todos salen ganando.